Arte fotovoltaico

14 febrero, 2014 | Por | Categoría: Máquinas
Thomas Wilford murió sin conocer la fama. Se despidió de este mundo una tarde calurosa de junio, en 1968, en un humilde barrio de Nueva York, mientras dormía plácidamente. Ni la muerte le auguró un estrepitoso final. La historia tampoco le hace justicia y los enormes volúmenes y manuales de arte ni siquiera le mencionan. Sin embargo, todas las manifestaciones artísticas que han empleado la luz como elemento expresivo complementario han bebido de las fuentes de este danés. Parece ser que fue el primero en incorporar la electricidad a una pieza de arte en 1905. Lumia solo era una pequeña caja de puros con una única bombilla y diferentes cristales de colores, pero marcó una nueva tendencia que artistas de la talla de Duchamp siguieron. Desde este momento, la luz se incorporó al mundo artístico como una herramienta más.
En los últimos años, un conjunto de creativos, arquitectos y escultores no solo han retomado la herencia de Wilford, sino que han dado un paso más allá. Crean obras que conjugan la experiencia lumínica con la generación de energía eléctrica. Las células fotovoltaicas protagonizan sus pie- zas, reinventando el concepto tradicional de placa solar. Así, estas creaciones cumplen una doble función: embellecer el espacio en donde se encuentran y abastecer su propio sistema de iluminación o un circuito ajeno. Los artífices combinan el arte, la arquitectura y las nuevas tecnologías de captación de energía para engendrar instalaciones innovadoras y originales que conciencien a la sociedad sobre la importancia de las renovables.

La tradicional placa solar puede convertise en una obra de arte si se juega con ella. Foto CC BY stantontcady

La imaginación y creatividad de este grupo multidisciplinar han permitido que los módulos fotovoltaicos hayan dejado de ser insulsas placas en los tejados para convertirse en policromadas esculturas y piezas indispensables de futuristas obras arquitectónicas; para transformarse, en definitiva, en auténticas obras de arte. El Rawlemon es una escultura que ejemplifica la originalidad de estas bellas piezas fotovoltaicas. Sus dos largos brazos de un blanco impoluto sostienen una gran esfera de cristal que, mirando al cielo, busca constantemente rayos que absorber. Como si de un monstruo se tratara, el Rawlemon mide dos metros de largo y tres de ancho y está diseñada para coronar las cumbres de altos edificios y rascacielos. André Brosseil, responsable de esta estatua, aunó diseño y ciencia para proyectar un tipo de placa que fuese más eficiente que los módulos convencionales. Probó y erró hasta que optó por aprovechar las propuestas artísticas y crear algo nunca vis- to. El gran globo transparente, más allá de cautivar la mirada del espectador, actúa como una lupa y concentra tanto la luz solar como la lunar en una pequeña superficie de minúsculas unidades sensibles al sol, lo que permite aumentar la eficiencia en un 35%. Brosseil observó el futuro en su bola de cristal y, ahora, el resto del mundo también puede hacerlo al asomarse a su colosal escultura.

“La energía solar puede ser parte de nosotros”

Solo existe un prototipo, pero se busca financiación para comenzar la producción en serie. Muchos ya han apoyado esta idea alocada, entre ellos el joven Nacho Zamora. Este valenciano es el principal precursor mundial de las obras de arte fotovoltaico y su trabajo consiste en catalogar las distintas piezas que existen desperdigadas por los cuatro continentes para elaborar la primera base de da- tos de esta incipiente disciplina. “Con mi máster me especialicé en la producción artística de arte público y, no sé porqué, un día llegó a mí una imagen de una especie de farolas localizadas en Texas, que tenían forma de flor y desprendían una luz azulada. Cuando observé bien la fotografía, me di cuenta de que cada pétalo era una placa. No solo iluminaban caminos, sino que producían su energía. Ahí empezó todo”, comenta entre risas y asombro Zamora. Cinco años después, el investigador se puede enorgullecer de haber nombrado el nuevo movimiento como Solar Artwork, así como de establecer sus bases.

Para él, el principal rasgo de estas instalaciones artísticas es su carácter público. “Se localizan en las calles, en las plazas de las ciudades, en los rincones más transitados. Siempre deben intervenir en el espacio urbano, que es un espacio privilegiado, para que la gente pueda disfrutar de ellas”, explica con convencimiento, “solo así, podrán lograr su objetivo: enseñarnos que la energía solar puede ser preciosa, integradora y parte de nosotros”. Todos los artistas pertenecientes a esta corriente se preguntan qué es lo que puede hacer el arte para mejorar la sociedad. Y parece que han encontrado la respuesta: introducir las renovables en la belleza.

Zamora confiesa que, entre todos los ejemplos que ha podido analizar, hay uno en particular que conjuga mejor que ninguno el arte, el cariz público y la interacción con los ciudadanos. “Tengo mis favoritismos. Soy como un padre. Sé que no debería tenerlos, pero hay veces que no me puedo quitar de la cabeza ciertos solar artworks. Y esto es lo que me pasa con The Greetings of the Sun. Me gusta, porque no es una estatua rígida, sino una especie de adorno en el suelo que juega con el espectador”, admite con rubor en sus mejillas refiriéndose a la enorme instalación artística del puerto de Zadar, Croacia.

The Greetings of the Sun (en español ‘Saludos del solar’) es un círculo de 22 metros de diámetro que cuenta con tres capas de cristal que protegen las células fotovoltaicas de su interior. Gracias a ellas, esta obra solar genera 46.500 kWh al año, lo que equivale al consumo promedio de cinco casas españolas. Como generadora artística, suministra la energía a su propio circuito de iluminación e inyecta la sobrante a la red nacional. Integrada en la superficie del pavimento, un transeúnte poco avispado no notará que está caminando por encima de la obra favorita de Zamora. Pero no pasa nada, pues está concebida para que el espectador pise y corra por el duro cristal y así interactúe con el arte. Cada atardecer, The Greetings of the Sun se ilumina y ofrece a los visitantes un espectáculo de luz y color que combina con los tonos rojizos del atardecer croata. Este es un claro paradigma de la relación armónica entre diseño, eficiencia energética y disposición del espacio urbano. “Es belleza, función y concienciación”, añade Nacho Zamora.

Mucho más que tecnología

Tanto el diseño de The Greetings of the Sun como el de Rawmelon y el del resto de piezas pertenecientes a esta novedosa manifestación artística han sido posibles gracias a la mejora de las tecnología fotovoltaica. Hace ocho años, las placas se singularizaban por ser caras, pesadas, de enorme grosor y de una estética dudosa. Con un color grisáceo, se asemejaban a las obsoletas máquinas de la Revolución Industrial. No obstante, las investigaciones científicas han elevado la eficiencia de los módulos, así como la calidad de los materiales. El silicio sigue siendo el elemento estrella, pero combinado con láminas delgadas policristalinas posibilita la fabricación de placas ligeras y flexibles que admiten diversos grados de transparencia y distintas tonalidades. El artista puede, por tanto, es- coger aquellas cualidades que mejor se adapten a su obra. Rojos, verdes, amarillos, más eficiente o menos curvo, la personalización consiente al arte.

La mezcla de colores y fotovoltaica es una técnica reciente en los solar artwork que no muchos aprovechan. Sarah Hall es de las pocas artífices que han hecho de esta combinación su sello distintivo. La exploración de la relación entre vidrio, tonos y energía solar da como resultado las llamativas vidrieras energéticas de esta canadiense. Sus vitrales no conforman obras de arte por sí mismas, pero potencian la belleza de los edificios en los que se encuentran, mientras producen energía. Lux Gloria, por ejemplo, es un conjunto de tres cristaleras en la fachada sur de la Catedral de la Sagrada Familia de la ciudad canadiense de Saskatoon, que alberga 1.131 células solares. Constituye el primer modelo de esta clase en el mundo y, por ello, Hall ha sido premiada por la Real Academia canadiense de las Artes. Instalado en julio 2013, se espera que estas vidrieras satisfagan el consumo eléctrico anual de la iglesia.

La fotovoltaica crea arte en los edificios

Los solar artwork podrían dividirse entre aquellas piezas independientes y entendibles por sí solas, y estas otras que, como Lux Gloria, se integran en obras arquitectónicas mayores. La fotovoltaica integrada en edificios, o conocida como BIPV por sus siglas en inglés, también proporciona verdaderas obras de arte. Esta técnica consiste en sustituir los materiales constructivos convencionales por elementos fotovoltaicos. Las ventanas podrían ser renovadas por láminas delgadas transparentes solares; los muros, por enormes fachadas; y los tejados, por lucernarios y atrios que atraigan la energía del sol. Estos elementos deben cumplir con las mismas características de los cuerpos que reemplazaron y aislar el interior del inmueble de las condiciones externas. Leonardo Casado, director del departamento de I+D de la empresa española líder en BIPV, Onyx Solar, describe este nuevo método como “la manera perfecta de crear arte en cada esquina del edificio”. Pero el diseño singular de los módulos fotovoltaicos integrados no solo afiligrana la obra, sino que presenta una serie de ventajas que todo arquitecto debe considerar. “En primer lugar, aumenta el área de producción eléctrica al envolver todo la fachada con materiales sensibles al sol, por lo que se conseguirá mayor energía”, empieza enumerando el directivo, “y también supone un cierto ahorro económico, ya que en muchas ocasiones es más barato invertir en esta tecnología que pagar la electricidad en el futuro”.

En el mercado de San Antón se reúnen los clientes bajo el techo fotovoltaico. Foto CC BY Emilio Canosa

Onyx Solar ha aportada su conocimiento de la energía solar a la construcción y remodelación de las edificaciones más vistosas en España, entre las que destaca la del Mercado de San Antón en Madrid. En 2011, este espacio fue reformado para que se convirtiera en un centro moderno y referente gastronómico del barrio de Chueca. Su exterior austero oculta un interior vibrante y lleno de color, donde los consumidores buscan los ingredientes más frescos o bien se dejan mimar en los puestos de suculenta comida internacional. Por la noche es un hervidero de vida y olores y por las mañanas se respira la tranquilidad de las amas y amos de casa. Es entonces cuando la luz invade el complejo. A través del atrio, el sol se deja sentir en cada vértice y arista. Sin embargo, pocos saben que este gran ventanal superior es un colosal módulo fotovoltaico de 168 metros cuadrados que genera unos 8.000 kWh durante un año y evita la emisión de cinco toneladas de CO2.

El BIPV es una práctica que conocidos arquitectos como Norman Foster ya comienzan a incluir en sus obras. Un reciente estudio desarrollado por NanoMarket, empresa estadounidense de estudios y análisis de la oferta y la demanda, pronosticó que el valor del mercado de la integración arquitectónica solar crecerá en 2015 hasta los 5.5 billones de euros, mientras que la venta de cristal fotovoltaico rozará los 3.2 billones en esta misma fecha. Nacho Zamora confía en que estas jugosas cifras atraigan inversores y mentes creativas a los solar artwork: “Necesitamos un empujón para darnos a conocer y cambiar el modelo de sociedad. Las previsiones son buenas, pero nos falta gen- te, no solo dinero”.

Ya sea para embellecer el centro de las ciudades o los muros de las obras arquitectónicas, el diseño de las placas fotovoltaicas marcan el nacimiento de un movimiento artístico que integra sabiduría científica y técnica, arte, escultura y renovables. Incorporar las energías alternativas en nuestro sistema económico y social requiere de un cambio de mentalidad. Y este es precisamente la principal finalidad de los solar artwork: concienciar a través de la belleza.

El mercado fotovoltaico español

La energía fotovoltaica cubrió en 2013 un 3.1% de la demanda eléctrica según el informe publicado por Red Eléctrica Española (REE). Hay en España más de 60.000 instalaciones fotovoltaicas que producen una potencia acumulada de 1.529 MW. La gran mayoría de estas plantas se localizan en las comunidades más soleadas: Extremadura, Castilla y León, Andalucía y Murcia.

La nueva Ley del Sector Eléctrico Español, que entró en vigencia el 1 de enero de 2014, golpeó fuerte a las energías renovables y, en especial, a la fotovoltaica. Se sustituye el tradicional sistema de régimen especial de primas a las alternativas por una nueva coyuntura en la que el precio del vatio se calculará atendiendo a los parámetros de una empresa promedio. Además, se establece un peaje de respaldo, un impuesto que deben pagar los autoconsumidores de energía por estar conectados a la red eléctrica. Si alguien en su casa tiene un pequeño módulo fotovoltaico en el tejado con el objetivo de ahorrar en la factura de la luz, este deberá pagar la electricidad consumida, además del peaje. En el caso de que produzca más de lo que necesita, no podrá verterla a la red por un coste determinado. Se niega la posibilidad del balance neto.

Este nuevo marco legal no contribuye a la mejora del mercado fotovoltaico, que ha sufrido las continuas reducciones de las ayudas. En tan solo cinco años, este sector perdió el 83% de su mano de obra. En 2009, se registraron más de 41.700 trabajadores, pero a mediados de 2013 esta cifra había caído hasta los 7.500. Además la recesión económica ha conducido al 90% de las empresas fabricantes de placas a la quiebra o a declararse en concurso de acreedores. Estas cifras alejan el optimismo que penetró en el sector en el 2008, cuando España se posicionó como líder europeo de la energía solar.

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