Tecnología en África, el desierto con oasis

31 julio, 2012 | Por | Categoría: Máquinas
Para entender el estado de la tecnología en África, hay que diferenciar dos conceptos: la implementación de tecnología creada y fabricada en el exterior, y el desarrollo de tecnologías propias destinadas a uso regional. Es importante tener en cuenta estos factores, ya que al ser un continente tan enorme y con tal cantidad de países, los desequilibrios en cuanto a implementación y desarrollo de tecnologías son también enormes.

Verone Manku, creador y diseñador de la primera tableta africana.

A la cabeza del desarrollo tecnológico total se encuentra Sudáfrica. Un país con un PIB estimado de 510.000 millones de dólares y una renta per capita de 8.202, según el Fondo Monetario Internacional. Es grande la diferencia con el último país africano, la República Democrática del Congo, sacudido por interminables guerras civiles desde su independencia en 1960 y cuyo PIB es de 22.718 millones de dólares y su renta per capita de 326.

Sudáfrica es una tierra de contrastes, donde la mayoría de la población –de raza negra– vive en la pobreza, mientras que la minoría blanca copa los altos puestos del poder económico y de la élite intelectual. Esto hace que la difusión de la tecnología se vea condicionada. Sin embargo, está a la cabeza del continente en todos los aspectos en cuanto a lo referente a tecnología. Empezando por la energía nuclear. El país de los bóers y los zulúes es el único de toda África con una central nuclear. Sólo una, la de Koeberg, a treinta kilómetros de Ciudad del Cabo. Es tecnología nuclear francesa y abastece de electricidad a la red nacional desde 1984. Si bien es cierto que ha sufrido bastantes contratiempos en los últimos años, como incendios o fallos mecánicos, es una muestra de lo que es posible que se vea en África en las próximas décadas. De hecho, en Kenia hay ya una propuesta firme para comenzar a construir una central y convertirse en el abastecedor de electricidad de África Oriental.

Teléfonos móviles

Otro asunto realmente llamativo sobre el continente negro y que supone un gran avance por facilitar la comunicación entre las personas, es el de la telefonía móvil. Según la Asociación Internacional de Operadores de Telefonía Móvil (GSMA, por sus siglas en inglés), África es ya el segundo mayor mercado de móviles del mundo por detrás de Asia. El número de terminales se ha incrementado un 20% anual durante los últimos cinco años y se espera que, a finales de este año, se llegue a los 735 millones de usuarios. Esto puede parecer algo sin importancia, pero no lo es. En muchas zonas de África no existe la posibilidad de tener una línea telefónica convencional, por lo caro del servicio y por la falta de infraestructuras. Por tanto, un teléfono móvil –la gran mayoría son de fabricación China– permite que zonas antes aisladas ahora estén en contacto permanente con el resto del mundo. El 93% de las terminales son prepago y todavía no está extendido el uso de internet a través del teléfono, pero se observa también un aumento en este punto.

El país con mayor número de teléfonos móviles es Nigeria –también el más poblado de África– con 93 millones de usuarios, lo que supone un 16 % del total del continente. En países como Kenia supone el 70% del total. En el continente negro, el móvil se está convirtiendo en el ordenador personal a falta de un ordenador de verdad. A través de él, los usuarios pueden comparar los precios de la carne y de los productos agrícolas a la hora de vender sus productos en la ciudad, o usarlo de memoria portátil a modo de disco duro, o como calculadora o cámara de fotos. También es útil a la hora de la prevención sanitaria, ya que en países como Sudáfrica, Namibia o Kenia se están utilizando para avisar por SMS a aquellas personas que están contagiadas por el virus del SIDA tras hacerse un análisis.

China, la “benefactora”

China es una especie de benefactor de África. Ha entrado de lleno en el mercado africano y, aunque interesado, está resultando ser un motor de desarrollo e impulso de las tecnologías mucho mayor de lo que fueron los europeos durante la época colonial y postcolonial. Debido a su hambre insaciable de materias primas para abastecer su demanda interior, el gigante asiático se ha embarcado en una colonización del continente a escala económica e industrial. Constructoras chinas, en cooperación con los gobiernos de estados africanos, han desarrollado tecnologías tales como la hidroeléctrica en Etiopía, con el proyecto ya en marcha de la gigantesca presa sobre el río Omo; o la petroquímica en Sudán, con la construcción del oleoducto, desde los campos de petróleo del centro del país (en una zona en disputa actualmente con el nuevo país de Sudán del Sur) hasta Port Sudán, en el Mar Rojo. Por supuesto, nada desinteresado. China se aprovecha de los regímenes autocráticos que predominan en esta zona del mundo en su propio beneficio, para entrar en los países con condiciones especiales muy propicias. Esos macroproyectos dan trabajo a una mano de obra mal pagada, y muchas veces tratada como esclava, pero las presas hacen que la electricidad llegue a las casas. También en infraestructuras ha invertido Pekín. Carreteras enormes y modernas para poder transportar aquellas mercancías que sacan del país y que se encuentran, casi siempre, en zonas remotas y de difícil acceso. Además, las motos y los coches chinos están inundando África. En Lagos, la capital de Nigeria, el 70% de las motos que se ven por la calle son de fabricación china. Son baratas y asequibles para una parte de la población que, de no ser por ellas, dependería del transporte público deficiente y masificado.

Hace 21 años que se mandó el primer mail desde el continente. Fue, una vez más, desde Sudáfrica. Más concretamente, desde la Universidad de Rhodes, en Grahamstown. A partir de aquí, internet ha ido penetrando en los africanos a un ritmo que se ha visto incrementado en los últimos años. Ésta es una de las grandes diferencias entre el norte de África y el África Subsahariana. En los países árabes del norte, el acceso a internet está mucho más extendido que en los que se encuentran por debajo del Sáhara. El que tiene un mayor número de usuarios de la red es Nigeria con casi 46 millones de usuarios, según la Unión Internacional de las Telecomunicaciones, organización de las Naciones Unidas para las tecnologías de la información y la comunicación. Tras él destacan mayoritariamente los países árabes, con 21 millones de usuarios en Egipto y 15 en Marruecos. Después comienzan a aparecer los africanos más conectados como Kenia, con 10 millones de usuarios, o Sudáfrica, con casi 7 millones. En el último puesto de los países continentales, sin contar islas, se encuentra Liberia con 20.000 usuarios.

Uno de los hechos clave para entender el desarrollo de internet en África es la construcción, en 2009, del West Africa Cable System o sistema de cable de África Occidental.

Las comunicaciones de los países occidentales han recibido un gran impulso con los nuevos cables submarinos.

Este cable submarino va desde Sudáfrica hasta Reino Unido bordeando toda la costa occidental del continente con 15 terminales o estaciones repartidas de norte a sur, proporcionando banda ancha, entre otros, a la República Democrática del Congo, Angola, Namibia o Togo. Una de las terminales que unen este cable se encuentra en las Islas Canarias. Fue construida por el consorcio francés Alcatel-Lucent y actualmente sigue en desarrollo, absorbiendo la demanda de conexiones que continúa creciendo. No es el único. Existen por lo menos diez más y varios proyectos de ampliación.

Tecnología de producción propia

Pero, ¿qué ocurre con los desarrollos tecnológicos propios hechos por africanos? También los hay y van creciendo. Como ejemplo de emprendedor individual está el congoleño (Congo-Brazzaville) Verone Manku. Este joven de 26 años ha desarrollado una tableta digital, al estilo del iPad, íntegramente africana. Se llama Way-C –”la luz de las estrellas”–, y aunque haya sido inventada y diseñada en Congo, su ensamblaje se ha hecho, cómo no, en China, ya que en Congo-Brazzaville no hay fábricas ni medios para ello. Según su inventor, es prácticamente igual a todas las tabletas del mercado. Tiene integrada una conexión Wi Fi y 4GB de memoria. Se vende en diez países de África Occidental además de en Bélgica, Francia e India, y su precio es de 299 dólares americanos, unos 247 euros.

Pero además de inventores individuales también se aprecia un deseo de invertir en tecnología y desarrollo desde instituciones tales como universidades. Uno de estos ejemplos es el NIT o Nairobi Institute of Technology, en la capital keniana. Una institución privada que lleva desde 1997 impartiendo cursos en áreas tan diversas como arquitectura, tecnología de la información o animación en colaboración con varias universidades del país.

Otra de estas instituciones punteras en el desarrollo tecnológico y científico es el Council for Scientific and Industrial Research (CSIR), o Consejo para la Investigación Científica e Industrial, con sede en Sudáfrica. Desde 1945, ha desarrollado labores de investigación en un abanico de materias que van desde la biología, la minería, la defensa, el medio ambiente y, más recientemente, la nanotecnología.

Los datos demográficos muestran que África tendrá la mayor población del mundo en veinte años, en torno a los 2.000 millones de personas, y el mercado económico que se abre hace que la conclusión sea clara: África es parte del futuro, aunque para ello tenga que haber un desarrollo democrático y educativo parejo al demográfico, y todavía quede mucho camino por recorrer. Quizás países como Sudáfrica o Kenia puedan ejercer de guías y modelos a seguir.

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