Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, ciencia española en el S. XVIII

31 julio, 2012 | Por | Categoría: Ideas

La divulgación científica tiene antecedentes muy concretos en el S. XVIII español. Las Sociedades de Amigos del País cumplieron una función difusora y pedagógica: el siglo de las luces en versión vascongada.

Guipúzcoa relumbra en el siglo de la Ilustración, donde la razón impone una fuerte secularización de las élites dirigentes, y los monarcas han impuesto un modelo de despotismo ilustrado, que supone modernizar el país respetando el modelo absolutista. Bajo ese contexto histórico, el conde de Peñaflorida, Javier María de Munibe e Idiáquez, desde 1748, organiza en su palacio de Azcoitia unas tertulias culturales con diferentes caballeros de la zona (denominados “caballeritos de Azcoitia”). En ellas va tomando cuerpo la idea de crear una sociedad capaz de impulsar el progreso de las provincias vascas conforme al nuevo espíritu del siglo XVIII. El programa de aquellas tertulias resultaba muy completo, ya que durante la semana dedicaban la noche del lunes a hablar de Matemáticas; la del martes, a la Física; el miércoles se dedicaba a la Historia; el jueves correspondía a la Música; el viernes, reinaba la Geografía; el sábado quedaba libre; y el domingo, se repetía la sesión de Música. Por fin, las actividades culminaron, en abril de 1765, con una Real Orden en la que se aprobaba la que había de ser la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, cuyos objetivos eran: “cultivar la inclinación y el gusto de la nación bascongada hacia las Ciencias, Bellas Letras y Artes; corregir y pulir sus costumbres, desterrar el ocio, la ignorancia y sus funestas consecuencias y estrechar más la unión de las tres provincias bascongadas”.

Su articulado era todo un proyecto de regeneración social, por vía de la educación y de la difusión de la ciencia. Es por ello que la Sociedad Bascongada primó el estudio de modernas técnicas y conocimientos de inmediata aplicación. De la validez de sus planteamientos y de su organización da buena idea el que la Sociedad Bascongada fuese el modelo que se tomó para constituir sociedades semejantes en el resto de España.

La Sociedad Bascongada fue la pionera de una serie de sociedades que impulsaron el reformismo borbónico. Entre las obras escritas, que sus miembros aportaron al reformismo ilustrado español, se encuentran: Recreación política de Nicolás de Arriquibar, Noticias de algunas producciones curiosas de la naturaleza de Ramón María de Munibe, Fábulas de Samaniego e Historia del ilustre País Bascongado de Landázuri. Esta última, no obstante, fue censurada, y no pudo divulgarse.

Louis Proust

Aparte de proponer cambios en la estructura productiva para incrementar la producción agrícola, industrial y el comercio, emprendieron medidas sociales, como la fundación de la Casa de Misericordia de Vitoria. Del mismo modo, se preocuparon de propagar el espíritu ilustrado y la enseñanza de conocimientos superiores a la juventud. A los miembros de la Sociedad Bascongada les llevó el interés a la creación del Real Seminario de Vergara, que orientó sus estudios en la formación de técnicos especializados, a través del aprendizaje de las Matemáticas, Física, Química, Dibujo u otras materias técnicas. Uno de los resultados positivos de la calidad de la enseñanza impartida en la institución fue el descubrimiento del wolframio, en 1783, por el científico Fausto Elhuyar y su hermano Juan José, ambos químicos e ingenieros de minas, que se habían formado en Francia y habían recorrido varias universidades europeas. Sus carreras estuvieron luego vinculadas a la minería en América española, Fausto en México y su hermano en Nueva Granada. También formaron parte del equipo docente personalidades francesas como Francois Chavaneau, que se encargó de la cátedra de metalurgia y, posteriormente, sería el director de la Real Escuela de Mineralogía de Madrid. Otro ilustre galo que pasó por la institución fue Louis Proust, que se hizo cargo de la cátedra de Química y es considerado uno de los padres de la Química moderna, aunque sólo estuvo el curso de 1779 a 1780, volviendo después a Francia. Pero en el año en que estuvo en Guipúzcoa escribió su introducción de química en los Extractos de las Juntas Generales de la Sociedad Bascongada de Amigos del País. Estas personalidades habían sido fichadas por Eugenio Izquierdo, autoridad española en Historia natural, que ejercía como comisionado especial de Manuel Godoy en Francia. En 1799, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País funda también un colegio femenino, la Compañía de María.

Incluso el nuevo espíritu quiso dejar su huella en su aspecto más artístico, y los ideales de la Ilustración se materializaron en la arquitectura del estilo neoclásico, por aunar el Siglo de las Luces con un nuevo Renacimiento, austero, racional y geométrico. En Guipúzcoa este estilo se hizo palpable en la Iglesia de Motrico, en Álava fue la Plaza Nueva de Vitoria, y en Vizcaya la Casa de Juntas de Guernica, esta última realizada en 1824 por Antonio Echevarría.

Pero el punto más débil del programa de reformas fue el de la financiación. En efecto, a pesar de un coherente planteamiento no consiguieron detener la crisis económica que ya apuntaba en el último tercio del siglo XVIII. La amplitud de las transformaciones que propugnaban hubiese requerido contar con importantes fondos. De hecho, su intento de crear un banco vascongado no pasó de ser un proyecto.

Entre los ilustrados guipuzcoanos que crearon la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, la persona que más destaca de todas es la de Francisco Javier María de Munibe e Idiáquez, conde de Peñaflorida (1729-1785), una de las grandes fortunas de Guipúzcoa, debida al comercio realizado por su padre en la Compañía Guipuzcoana de Caracas. De joven  estudia en Toulouse (Francia), donde se vuelve un convencido de los ideales ilustrados. Su posición social elevada, el conocimiento de las necesidades económicas del país y la adopción de las ideas renovadoras, le convirtieron en uno de los impulsores de la principal institución del espíritu de la Ilustración. Escribió y compuso dos óperas, El borracho burlado y Comedia famosa. Falleció en Vergara, en 1785. Como persona ilustre, fue alcalde de Azcoitia y diputado general de la provincia.

Otro de los azcoitarras fundadores fue el marqués de Narros, Joaquín María de Eguía, que se distinguió como el principal colaborador del conde de Peñaflorida, por ejemplo en la redacción del opúsculo Los Aldeanos Críticos, que fue incluido en el índice de libros prohibidos, o también en la redacción del Plan de una sociedad económica o academia de agricultura, ciencias y artes útiles y comercio, adaptado a la economía y circunstancias particulares de la M. N. y M. L. Provincia de Guipúzcoa. El marqués de Narros ocupó varios cargos directivos en la Real Sociedad que ayudó a fundar, como la de secretario perpetuo desde 1774. Su principal labor fue la de sacar adelante el Real Seminario de Vergara. La promoción y búsqueda a través de su antiguo preceptor, Eugenio Izquierdo, de los mejores científicos galos le llevó a ser reconocido por el rey, en 1787, con el nombramiento de Director de las Cátedras y Laboratorios de Física, Química y Minerología, pero fue recurrido por sus “amigos” de la Real Sociedad Bascongada y esto le llevó a abandonarla, aunque luego vino la conciliación y su reingreso. Durante la Guerra de la Convención, fue nombrado diputado de la Guerra, acusándosele de complicidad con las ideas revolucionarias. Nada equívoco, por su pertenencia desde tiempos de estudiantes a una logia masónica francesa. Después de la guerra de independencia, se retiró de la vida pública a Vitoria.

En cuanto al tercero en discordia de los fundadores azcoitarras, Manuel Ignacio de Altuna, quizás sea el menos conocido por su temprano fallecimiento en 1762. Amigo de los anteriores, era conocida su estrecha amistad con el filósofo Rousseau y su pertenencia a la masonería, como sus compañeros.

La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País fue la precursora de las escuelas de ingeniería, de minas y de dibujo. El patrocinio de Carlos III supuso mucho para su implantación y fue modelo de otras como la Matritense. Pero la Bascongada creó ramas en Madrid y en Nueva España (México), de donde se nutría de sus donaciones económicas. En 1793, los socios eran 1.216, una cantidad nada despreciable en aquel momento. Pero cuando, en 1804, Manuel Godoy les retiró la dirección del Real Seminario de Vergara, la Sociedad perdió su influencia social. Estuvo en mente de José Bonparte el resucitarla, pero no sería hasta después de la guerra de independencia cuando, en los paréntesis de liberalismo, los socios supervivientes aprovechen el momento para avivar los rescoldos y evitar su extinción.

La Ilustración

No obstante, el periodo de la Ilustración no fue un momento del triunfo de la cultura, sino de una interpretación de aquélla. Carlos III, influenciado por Tanucci, llevó a cabo, en 1767 (España europea) y 1768 (América y Filipinas españolas), la expulsión de la Compañía de Jesús de sus dominios, después de que se hubiese realizado en Portugal y en Francia, siendo seguidos por España y los estados borbónicos italianos. En España, los jesuitas poseían 105 colegios y 12 seminarios; y en Ultramar tenían otros 83 colegios y 19 seminarios más. En total, más de 5.500 jesuitas, muchos criollos y, por su fundador, un componente importante de guipuzcoanos, que fueron responsables de la principal educación de vanguardia pedagógica dada en el país, y con un gran peso en el campo universitario a través de la teología suarista (del P. Suárez). Su expulsión fue un golpe demoledor a la cultura de España, que no se recuperó, especialmente en los sectores medios y populares de la sociedad. Pero en América, la monarquía borbónica selló su destino en las élites criollas dirigentes, donde, como vimos, San Luis de Potosi, Lima, Santiago de Chile, México etc… tenían una fuerte presencia jesuita, sustentada en la colonia de comerciantes guipuzcoanos del comercio ultramarino. Los más simbólicos fueron los ochenta padres encargados de las Reducciones, de los cuales una docena fallecieron por las terribles condiciones en la travesía. Otros nueve lo hicieron al llegar a Puerto de Santa María, donde, junto a los expulsos de la península, serían desterrados a Córcega. Resulta revelador que el Real Seminario de Vergara desarrollase sus actividades en el edificio expropiado del antiguo colegio de los jesuitas.

Otra institución que relumbrará en Guipúzcoa durante el siglo XVIII será la Universidad de Oñate. Oñate había tenido universidad desde 1548, fundada por el obispo Rodrigo Mercado de Zuazola ocho años antes en Hernani, desde donde se trasladó a su lugar de origen. La universidad, como ha estudiado Juan Antonio Morales, tuvo gran relevancia al educar a gran parte de los cuadros de las provincias vascas y aledañas. El centro educativo, durante el siglo XVIII, tuvo de 250 a 400 alumnos, destacando su enseñanza en Teología, Leyes, Cánones, Artes y Medicina. No tuvo rivalidad con Vergara, aunque sí tuvo que enfrentarse con proyectos que no prosperaron de posibles universidades en Vitoria o en Bilbao, promocionadas por las sociedades comerciales de aquellas ciudades. Dependiente del apoyo financiero de las diputaciones, durante el Trienio Liberal se vió ahogada económicamente, y la década absolutista fue el segundo periodo dorado de la institución al contar con la protección de Fernando VII. La universidad perduró hasta 1868, que fue cuando perdió su carácter católico, recuperándolo bajo el control carlista. Protegida por las diputaciones forales, contó con la antipatía del liberalismo progresista, que la consideró un foco intelectual fuerista.

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