Metadatos en la red, delincuencia inconsciente

9 febrero, 2012 | Por | Categoría: Redes

Internet ha dejado obsoleta la legislación que rodea a la fotografía. Las cámaras digitales y los teléfonos móviles han multiplicado el número de fotógrafos principiantes. Internet se ha convertido en el soporte ideal para almacenar todos los documentos. La fotografía se ha introducido en la vida cotidiana, sus límites jurídicos no.

En la nueva cultura de la imagen no hay manera de protegerse sin aislarse. Foto CC-BY Gato Azul.

El mercado de las cámaras digitales ha supuesto una revolución en el mundo de la fotografía. Han pasado más de 30 años desde que Steve Sasson construyó el primer prototipo que pesaba más de tres kilos y medio sin baterías y tenía una resolución de 0.01 mega píxeles. Pero el boom de las digitales ha llegado acompañado de la mano de la telefonía móvil e internet. Es muy complicado encontrar un teléfono que no disponga de una aplicación para realizar fotografías. Millones de personas recorren ciudades, pueblos y campos dispuestos a capturar cualquier cosa que les llame la atención. Si la foto sale mal no pasa nada, se borra y se hace una nueva. Cada instante y cada lugar queda plasmado en imágenes. Internet se ha convertido en el soporte perfecto de almacenamiento y está adquiriendo una nueva dimensión con el fenómeno de las redes sociales: “una foto para Tuenti”. Cualquier evento social se comparte en la red.

“Cena con los amigos”, “viaje a París”, “en el parque de atracciones”,… La vida de las personas empieza a estar documentada en soporte visual. Con el servicio de internet de las compañías telefónicas los tiempos de actualización de álbumes de fotos se están acortando rápidamente. Muchos usuarios empiezan a utilizar el móvil para subir fotografías a las redes sociales, que, además, lo especifican: “cargas móviles”. La vida puede seguirse en directo como si se tratara de un reality show.

En España, la constitución protege el derecho a la propia imagen con carácter fundamental y atribuye a su titular, la potestad para disponer de su imagen física impidiendo su difusión salvo que medie su propio consentimiento. Los avances tecnológicos permiten mil maneras de reproducir la imagen de una persona sin que ésta se dé cuenta. Por eso, este derecho se plantea, en realidad, como una garantía frente a las intromisiones ilegítimas sobre la vida de la persona que consisten en reproducir su imagen física por cualquier medio que pueda hacerla identificable, sin su asentimiento.

Hasta el momento, las redes sociales han sido criticadas y denunciadas por sus políticas de protección de datos. Pero si se consideran espacios públicos, es decir, si facebook, twitter, o my space se califican como medios de comunicación, se podrían estar cometiendo millones de delitos al día. Por eso las redes sociales cuidan cada vez más sus políticas de privacidad. Hasta el momento, las redes sociales se consideran espacios privados en los que la gente utiliza un espacio para compartir sus fotografías. Pero, ¿qué pasa si un usuario tiene más de un millón de amigos? ¿Dónde está el límite entre lo público y lo privado? La expansión de internet ha dejado obsoletas las normas y la legislación en materia de comunicación. Las únicas medidas que se han adoptado hasta el momento son de carácter preventivo para tratar de proteger a los menores, que tienen una legislación más exigente.

La Ley Orgánica  de Protección Jurídica del Menor de 1996 establece la intervención del Ministerio Fiscal en los casos de difusión de información o la utilización de imágenes o nombre de los menores en los medios de comunicación que puedan implicar una intromisión ilegítima en su intimidad, honra o reputación, o que sea contraria a sus intereses. 

Gracias a esta ley, cuando un niño aparece en televisión, suele salir con la cara pixelada o borrosa para que no se le reconozca. Sin embargo, es común ver fotografías de niños pobres desnudos o semidesnudos trabajando en vertederos, jugando al fútbol o llevando una metralleta en países del tercer mundo. El derecho a la propia imagen en ocasiones choca con el derecho a la información. Evidentemente, no todas estas fotografías tienen el mismo valor informativo y en ocasiones se podría estar vulnerando su derecho a la propia imagen. No obstante, una actuación de la fiscalía en estos casos podría significar un precedente peligroso que restringiera el flujo de la publicación de fotografías sobre países en vías de desarrollo.

El derecho a la propia imagen no es algo exclusivo de los niños aunque esté más vigilado. Así como los niños salen con la cara borrosa, también podrían hacerlo los adultos. En un noticiero que se realizase en la calle podrían aparecer todos con la cara difuminada. Parece una locura, pero en el Street Views de Google Maps todas las personas y las matrículas de los coches aparecen pixeladas.

Protección de datos

Una fotografía es una obra intelectual. Los que aparecen en ella tienen derechos, pero los que las hacen también. La titularidad de una fotografía pertenece al fotógrafo. El autor originario de la obra puede publicarla, reproducirla, distribuirla, exhibirla o impedir su publicación. En la obra fotográfica se aplica el régimen ordinario propio de todas las obras intelectuales, según el cual, los derechos de explotación duran toda la vida del autor y 70 años después de su muerte.

“La mayoría de las redes sociales se han preocupado más de los aspectos técnicos que de los jurídicos”, señala Andy Ramos Gil de la Haza, abogado especialista en propiedad intelectual, en un artículo publicado en la revista Telos: Cuadernos de comunicación e innovación, sobre redes sociales y propiedad intelectual. Advierte que las redes sociales han obviado “cuestiones tan importantes como el respeto de los derechos de propiedad intelectual de terceros, la protección de los datos personales de sus usuarios o la protección de la infancia”.

El presidente y creador de Facebook, Mark Zuckerberg, coincide con la crítica que hace  Gil de la Haza. En un artículo en The Washington Post, publicado el 24 de mayo aseguró que van a responder a las preocupaciones recientes sobre la falta de privacidad estableciendo facilidades al usuario para controlar la información que comparte, algo en lo que hasta el momento habían fallado.

Facebook cuenta en la actualidad con más de 400 millones de personas dentro de su comunidad. Las clausulas de privacidad iniciales en Facebook y las que casi todo el mundo conserva, permite a los “amigos de tus amigos” acceder a toda la información que el usuario ha subido. La media de amigos en una red social se aproxima a 200, lo que hace que el número de personas que puede acceder a tu perfil se sitúe en torno a las 4.000 personas. Además de empresas o eventos como Rock in Rio o la Cadena Ser, que se crean perfiles en las redes sociales –si no estás en ellas, no existes- y llegan a tener más de 4.000 amigos que se consideran también ‘amigos de tus amigos’.

Hay mas de 25 millones de fotos dadas al dominio público solo en Flikr.

Los medios de comunicación tienen que ser muy cuidadosos con los contenidos que publican. Mostrar la cotización en bolsa de Nokia cuesta más de 4.000 euros al año. Sin embargo, las redes sociales se consideran un espacio privado y no tienen problemas con los contenidos que publican, aunque a ellos puedan acceder millones de personas.

En España, la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) se encarga de defender legalmente los derechos de autor y editores, entre los que se encuentran toda clase de artistas y empresarios del negocio de la cultura. Sin embargo, la SGAE no considera que exista ningún conflicto entre las redes sociales y los derechos de autor. Curiosamente, Facebook sí tiene un problema con la sociedad. Más de 145.000 personas forman el grupo “Yo no canto la ducha ni silbo por la calle porque tengo miedo a la SGAE”. Reclamar 95 euros a un instituto de educación secundaria de La Coruña por representar una obra de Lorca, denunciar a una cafetería de Lérida por poner la radio o cobrar a los clubes de fútbol por poner su himno en el estadio, han desatado la impopularidad de la sociedad.

Los problemas entre los derechos de autor y las redes sociales aumentan en proporcionalmente al aumento de influencia y repercusión que éstas tienen en la sociedad. No obstante, el fundador de Facebook  ya había reconocido ciertos errores en su portal en 2009. Zuckerberg tuvo que aclarar una clausula de privacidad, en la cual se advertía de que la red social adquiría los derechos de forma perpetua de todos los contenidos que se suban a la web, ya sean videos, fotos o textos. El presidente de Facebook aclaró que los usuarios siguen siendo quienes “poseen y controlan su información” y que “no almacenarán el material para siempre”. Sin embargo, la cláusula permanece prácticamente intacta en el contrato hasta ahora. En ella se puede leer que los contenidos se eliminarán cuando el usuario los elimine, a no ser que los haya compartido con otras personas y éstas no las hayan eliminado. En cualquier caso es una licencia no exclusiva, por lo cual, la red social no te roba tus contenidos.

La red social Twitter indica en sus clausulas de privacidad que respeta la propiedad intelectual de otros y “espera que los usuarios de los servicios hagan lo mismo”. Además, Twitter responde a notificaciones de supuesta vulneración de los derechos de autor. Por su parte, My Space no reclama ningún derecho de propiedad sobre el texto, los archivos, las imágenes, las fotografías, los vídeos, los sonidos, los arreglos musicales, las obras de autor, las aplicaciones, o sobre cualquier otro material.

El principal problema que se plantea es el de los contenidos que se cuelgan que cuentan con copyright o con algún tipo de protección. Nadie puede impedirte que publiques la cotización en bolsa de Nokia que has leído en un periódico o que cuelgues fotografías de autores profesionales. Es aquí donde se encuentra el conflicto entre los defensores de contenidos libres, que todo el mundo pueda utilizar y consultar gratuitamente, y los que protegen el derecho de la propiedad intelectual para cuidar a los autores. Otro problema es que los textos, fotografías y videos que se suben a la red sin contar con copyright corren al riesgo de que terceras personas reclamen su autoría.

El artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos indica que “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Sin embargo, el mismo artículo señala en un segundo punto que “toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora”.

Carlos Sánchez Almeida, licenciado en Derecho aclara que “la Carta Magna Universal no habla en ningún sitio del derecho a cobrar por copias, ni de la prohibición de hacerlas. De lo que habla es del derecho de los creadores a la protección de sus intereses morales y materiales”. Almeida, que ha sido miembro de FrEE (Fronteras Electrónicas), organización orientada a la defensa de los derechos civiles en Internet y ha publicado varios libros explica que “si se encuentra un marco jurídico que compatibilice esos intereses con el derecho de toda persona a la libertad en el terreno cultural, lo que establece la Declaración Universal se cumple”.

Metadatos

Las cámaras digitales tienen otros peligros aparte de los delitos en los que uno puede incurrir sin darse cuenta. Y es que los archivos fotográficos contienen mucha información, más de la que se cree, y la información es un poder deseado por muchos. Cuando alguien abre una foto en un ordenador puede ver una imagen, ese es el contenido del archivo. Pero lo que no mucha gente ve es la información sobre los propios archivos, es decir, los datos de los datos: lo que algunos expertos han denominado metadatos. En realidad no sólo los archivos fotográficos contienen este tipo de información, sino todos los archivos informáticos.

Los metadatos de los archivos fotográficos contienen información sobre la marca y el modelo de la cámara con que se ha hecho la foto, la fecha y la hora del momento de la captura, la apertura del diafragma y la velocidad del obturador. Basta con situarse encima de cualquier icono o archivo de una fotografía en el ordenador, hacer clic con el botón derecho del ratón y meterse en ‘propiedades’. Entonces, aparece una lista bastante larga con información sobre cómo y cuándo se hizo esa foto. Esa información es guardada y compartida allá donde van los archivos.

“En la era digital sería el equivalente de aquellas mujeres de la limpieza pagadas por agentes secretos para rebuscar en las papeleras de los ministerios” advierte Francisco Lázaro Domínguez. Este experto en informática forense, ha investigado y ha escrito artículos especializados sobre el peligro de los metadatos. Explica que “la proliferación incontrolada de documentos resulta aprovechable para los más diversos fines: delictivos, ‘voyeuristas’, de investigación, forenses, legales, y un largo etcétera”. La prevención en cuanto al riesgo potencial de los metadatos constituye una asignatura pendiente.

Los datos que aparecen a simple vista en las propiedades de los archivos no representan un gran problema, pues es información útil para el usuario y no desvela muchos detalles. El siguiente paso en la búsqueda de los metadatos es utilizar un programa hexadecimal para descubrir todos los datos que contiene el archivo. Un programa hexadecimal permite ver la información de los archivos bit a bit. Para comprobar hasta qué punto los ordenadores almacenan información oculta  se puede aplicar el programa a cualquier archivo. En la fotografía del ejemplo anterior, con sólo hacer un clic en la pestaña de propiedades se ve la fecha de cuando se hizo la fotografía, cuando entró en el ordenador y la última vez que fue modificada. Ahora, el mismo archivo se somete a la lectura del programa hexadecimal HxD, un software libre que se puede descargar fácilmente de internet. El resultado es una lista con más de mil metadatos diferentes.

Los metadatos están en todos los archivos, aunque no se vean a primera vista.

Los archivos acumulan información, ya no sólo del origen y el cómo, sino de las modificaciones y los pasos que ha ido tomando. Se crea una especie de historial en el que se pueden incluir los ordenadores por los que ha pasado, los programas que ha utilizado o los documentos que se han podido incluir.

Cuando un alumno entrega un trabajo en Word a un profesor, cuando un adolescente sube una fotografía a Facebook o similares, cuando un empleado envía un informe a su jefe, están aportando información extra de forma consciente o inconsciente, pero que no se ve si no se busca.

En el caso de la fotografía digital hay dos aspectos especialmente preocupantes. El primero es que en los metadatos se pueden encontrar muchas veces una miniatura de la fotografía original, es decir, que de una fotografía editada con Fotoshop se puede obtener la imagen sin editar gracias a los metadatos. El segundo problema es potencialmente más peligroso, son los datos de localización: la longitud y la latitud del lugar donde fue tomada la foto, o sea, el dónde. Prácticamente todos los teléfonos de última generación cuentan entre sus funciones con GPS que señalan la posición en la que se encuentra el dispositivo. Cuando se toma una fotografía, esta información pasa directamente a formar parte de los metadatos.

Las redes sociales se han convertido en almacenes de información y cuanta más tienen mejor va su negocio. Sin embargo, los metadatos de las fotografías los eliminan, al menos a la vista, para evitar problemas con los derechos de autor. Jaime Herencia Enjuto, Director Técnico de Web Partners Madri, empresa de desarrollo informático, advierte que se está entrando en una dinámica de entregar información sin medida y, con ella, la intimidad. “La creación de nuevos algoritmos hará que toda la información almacenada sea útil en materia de identificación de personas en imágenes”, prevé Herencia.

Gracias a los problemas con los derechos de autor, las redes sociales no comparten los metadatos, lo que tiene un efecto secundario positivo: que toda esa información llegase a ladrones, pederastas y secuestradores. En este sentido, son los hackers los que representan un verdadero peligro. Los hackers buscan acceso a información íntima y privada que muchas personas no quieren compartir. Resulta incomodo que puedan colarse en cualquier ordenador y descubrir lo que hay en ellos, secretos que los mismos propietarios ignoran.

La idea que el ciudadano medio tiene sobre los hackers está formada por lo que ha visto en las películas de Hollywood o por el éxito de la trilogía Millenium del sueco Stieg Larsson y no lo asimila a una realidad cercana. España es el país con más ordenadores infectados y controlados remotamente. Prácticamente una de cada dos computadoras están infectadas (el 44,9 por ciento). Estos datos fueron recogidos por PandaLabs, el laboratorio de Panda Security, The Cloud Security Company, durante el mes de octubre del año pasado. La cifra es desorbitante teniendo en cuenta que el segundo país en la lista es Estados Unidos con un 14,47 por ciento al que le sigue México con un 9,37 por ciento. Paradójicamente la Suecia de Stieg Larsson no llega ni al 1 por ciento.

Los metadatos no sólo se encuentran en la fotografía, están en todo tipo de documentos informáticos. Uno de los ejemplos más destacados son los archivos MS-Office, es decir, Word, Excel o PowerPoint. MS-Office indica en su página web que los archivos creados por estos programas añaden información personal oculta. Destacan la posibilidad de conocer la marca y el modelo de la impresora que se utiliza para obtener copias en papel, el acceso a texto borrado que ya no se puede ver en pantalla o al nombre de los autores anteriores al documento.

Uno de los casos más destacados que muestra el poder de los metadatos fue el de un informe que el gobierno británico de Tony Blair publicó en internet, en formato Word, en 2003 sobre las armas de destrucción masiva en Iraq. La información oculta desveló la identidad de las personas por las que trabajaron en el archivo. El informe había sido elaborado a partir de diferentes documentos escritos por civiles, que en algunos casos tenían más de una década de antigüedad. La mayoría del documento pertenecía a una tesis universitaria según cuenta un artículo de Infobae Profesional, un medio de Información profesional multidisciplinaria.

El peligro que implican los metadatos es el desconocimiento que hay de su existencia. Es información que poseen millones de personas, pero que sólo utilizan unos pocos. Herencia asegura que los metadatos son útiles y no considera que estén ocultos a propósito: “simplemente los programas deciden qué parte de la información se ve cuando se hace doble clic en ellos. Por ejemplo, cuando se abre una foto en el típico archivo jpg, el visor de Windows decide mostrarte sólo la imagen porque no considera que sea interesante que aparezca cuándo y cómo se hizo la foto. Otros programas sí lo hacen pero no se utilizan tanto”.

Los metadatos se pueden borrar y modificar mediante un programa hexadecimal de forma sencilla, aunque también es muy fácil eliminar más información de la cuenta y  dañar el archivo. Por lo tanto, la información de los metadatos no es fiable pues puede ser modificada.

Reconozco tu cara

Cuando Google lanzó el programa de Street Views en Estados Unidos fue todo un éxito. Pero cuando lo llevó a Europa empezaron a llegar demandas de gente que aparecía en las fotografías y que reclamaban el derecho a la propia imagen. Imágenes en las que aparece por ejemplo una persona saliendo de un prostíbulo.

Google tuvo que inventar un algoritmo para que el programa reconociese las caras de las personas y las matrículas de los coches y las emborronara directamente. Aún así sigue habiendo problemas, ya que el algoritmo no es perfecto. Sin embargo, la necesidad de mejorarlo está provocando grandes progresos en el software de reconocimiento de caras, una asignatura que estaba bastante atrasada.

Paula María Eliz Santos, letrada de la Secretaría General Telefónica España, explica que debido al desarrollo de este tipo de software, “las fotografías pueden llegar a ser identificadores biométricos universales dentro de una red e incluso a través de las redes”, y advierte de que si un nombre se conecta a una imagen podría poner en peligro la privacidad y seguridad de otros”. 

El software aplicado a las fotografías podría generar mucha información en un futuro. Los perfiles de gente anónima podrían dejar de serlo. Si este tipo de programas se distribuyen, los ordenadores particulares se parecerán a los que aparecen en las películas del FBI, en los que a partir de una foto, puedes localizar a una persona.

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