Menores expuestos en la Red

29 junio, 2012 | Por | Categoría: Humanos

Los menores hacen un proceso de inmersión en la tecnología. Foto CC BY ND Liz Henry.

En el mundo hay más de 1.800 millones de usuarios de internet, de los cuales el 35% son menores de edad. A los miembros de este segmento de edad habitualmente se les denomina nativos digitales, al haber nacido y crecido en un entorno digitalizado. Sin embargo, ser nativo digital no implica conocer la tecnología ni saber usarla adecuadamente conforme a la ley. De ahí que los casos en los que menores de edad protagonizan conductas delictivas en la Red hayan aumentado considerablemente en los últimos años.
James Rodemeyer, 14 años, se cansó de soportar las burlas de sus compañeros por su condición homosexual y decidió quitarse la vida tras dejar un mensaje de despedida en las redes sociales. A través de sus cuentas de Twitter y Facebook, y en su blog, James llevaba unos meses contando los padecimientos que sufría en la escuela. Precisamente fue en las redes sociales donde el adolescente vio su situación empeorar, al ver cómo se añadían insultos y mensajes que le deseaban la muerte al acoso verbal y físico que ya sufría en el instituto. Según su madre, el adolescente, aparentemente, había aprendido a soportar estos ciberabusos. Se ve que no fue así.
Pablo Fernández Burgueño, abogado de Propiedad Intelectual, Protección de Datos y Nuevas Tecnologías, nos acerca al término de ciberbullying , entendido como cualquiera de las posibilidades de uso de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación para hostigar con ensañamiento a su víctima. “El ciberbullying es el acoso que un menor ejerce sobre otro de su misma franja de edad en entornos digitales (redes sociales, correo electrónico, SMS, etc.)”. Considera necesario un control del uso de internet y fija unas recomendaciones para los padres, quienes “deben instalar los ordenadores en zonas comunes, insertar un filtro de contenidos y accesos a páginas web, bloquear la opción de navegación privada”. Además, es fundamental que, en caso de que se conozcan conductas de este tipo, no se destruya la evidencia y se denuncie el acoso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Desde que el doctor Dan Olweus introdujo, en 1970, la violencia entre iguales como campo de estudio sistemático, conocido con la expresión bullying, se ha despertado la sensibilidad social hacia la violencia escolar, considerándola uno de los principales males a los que se exponen los adolescentes. ¿Son los centros educativos tan violentos? ¿Se encuentran los niños desprotegidos e indefensos en las escuelas? El sistema escolar ha sido y es, por su naturaleza, un entorno de conflictividad que genera un elevado nivel de presión, imposición y violencia simbólica sobre la población escolar. La mayoría de las veces, los conflictos son gestionados adecuadamente a través del diálogo, la asertividad, la mediación de terceros, solicitando ayuda; y, en menor medida, son gestionados inadecuadamente, desencadenando respuestas violentas o desarrollando mecanismos de huida o evitación.
Acercarse al problema de la violencia escolar, más concretamente del ciberbullying, implica tratar de conocer, entre otras cosas, los rasgos que caracterizan a los alumnos agresores. ¿Cómo pueden los profesores detectar a los ciberagresores? ¿Qué los diferencia del resto de sus compañeros? ¿Qué rasgos tienen mayor peso o determinan más directamente a estos alumnos? Debe asumirse el concepto de cyberbullying como un maltrato que se produce entre los escolares, utilizando como instrumento las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
Vivir mediatizado
Una de las características comunes que se perciben en estos jóvenes es que no sólo viven en una sociedad red, sino que hacen de su comportamiento la máxima expresión de la misma. Se trata de usuarios que pertenecen a comunidades virtuales, crean sus propios espacios personales en la red (weblogs, wikis, páginas web personales…) y utilizan servicios. Estos sujetos pertenecen a la e-Generación, jóvenes que utilizan de forma natural y espontánea para comunicarse tecnologías como la televisión y el mando a distancia, el ordenador personal, el ratón y el teléfono móvil. Además, son jóvenes que poseen capacidades de exploración integrada de la información, habilidades para realizar múltiples tareas de manera simultánea y para procesar información discontinua o simultánea. Sin embargo, junto a estas características, es frecuente encontrar conductas violentas, de amenaza y acoso, de aislamiento social y dependencia de la tecnología, de fomento de conductas delictivas, de incitación a comportamientos de desviación social y psicológica.
Existen distintas vías o mecanismos de acosar en red a otro compañero. Bill Belsey, presidente de www.bullying.org y www.cyberbullying.ca , contempla distintos tipos de ciberacoso: a través del correo electrónico, del teléfono móvil con mensajes de texto o mensajes multimedia, a través de la mensajería instantánea, weblogs difamatorias y webs personales. Los jóvenes usan weblogs, redes sociales y sistemas de mensajería instantánea para intimidar a sus compañeros, siendo la difusión de fotografías retocadas para ridiculizar a las víctimas uno de los métodos más empleados. Éstas se distribuyen masivamente y, a veces, se indica la identidad de quien es sometido a la humillación para incrementar el impacto. En el caso de las comunidades virtuales, muchas requieren una invitación para poder formar parte de un grupo; el acoso escolar se basa en aislar a aquéllos que son las víctimas de las humillaciones e intimidaciones. Allí se establecen conversaciones que luego continúan en el centro escolar, y quienes no pertenecen al grupo quedan descolgados de sus compañeros.
Los adolecentes son los usuarios mayoritarios de chats, Tuenti, Facebook, Twitter y Messenger. Vuelcan sus vidas en las redes y chatean con amigos y no tan amigos. Uno de los grandes riesgos es el grooming. Esta acción puede definirse de manera sencilla como las estrategias que una persona adulta desarrolla para ganarse la confianza de un menor, a través de internet, con el fin de obtener concesiones de índole sexual. Desde un  cercamiento lleno de empatía y engaños, se pasa al chantaje más cruento para obtener imágenes comprometidas del menor y, en casos extremos, pretender un encuentro en persona. El daño psicológico que sufren niños, niñas y adolescentes atrapados en estas circunstancias es enorme.
Jorge Flores Fernández, coordinador de “Pantallas Amigas”, cree que hay dos cosas sencillas pero efectivas que los adultos pueden hacer frente a este fenómeno. “Esta sería mi apuesta: empecemos por disminuir el uso inadecuado de la cámara web. Por supuesto, ni un niño con el ordenador en su habitación y con cámara web. De paso, limitemos la conexión a cantidades y momentos razonables. Es también una cuestión de probabilidad. Dejemos claro al menor que al más mínimo problema debe solicitar nuestra ayuda. No le vamos a abroncar ni a castigar, sino a ayudar. Esto es tan difícil como importante y debemos ser alertados antes de que el chantaje y acoso haya causado mayores daños”.
El caso más conocido sobre grooming es el de Jorge Miranda, “el camaleón”. Este joven gaditano, de 24 años, se hizo pasar por hasta doce personalidades distintas, de ambos sexos y de diversas edades. Amenazó y coaccionó a más de 250 chicas. Una de las víctimas incluso llegó a creer que no tenía otra salida más que suicidarse y sólo tres lo denunciaron. Este acosador conocía a sus víctimas en páginas web para ligar. Durante meses estaba en contacto con la víctima hasta ganarse su confianza y, mientras, se hacía con el control del correo electrónico de su víctima. Les pedía que le enviasen fotos o vídeos de contenido sexua,l aunque no demasiado explícito (para que no se negaran a ello), pero sí lo suficientemente comprometido. Si se negaban a la petición, el acosador tomaba el control del correo y chantajeaba con ello para que accedieran a su petición. Si la víctima continuaba negándose, el acosador usaba el correo de la víctima para humillarla ante sus conocidos y amigos.
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