Encuestas y estadísticas: opiniones o hechos

9 enero, 2012 | Por | Categoría: Medios

Tenemos cierta tendencia a confundir la opinión mayoritaria con la verdad. Esta tendencia es errónea, como expresó significativamente H. Whitehead: “no temáis nunca formar una minoría de uno; las mayorías suelen equivocarse”. Pero hay algo que puede ser aún más erróneo que la opinión pública: las consecuencias que se sacan de ella.

En un artículo titulado “¿Somos xenófobos?”, publicado en La Vanguardia el 17 de marzo de 2011, José Antonio Zarzalejos comenta una encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat de Catalunya, y en particular el siguiente resultado: “Los ciudadanos estiman que [...] los inmigrantes [...] perciben del Estado mucho (30,8%) o más (38,7%) de lo que aportan”. Y extrae de estos datos el siguiente comentario: “Cualquier diagnóstico sociológico entendería estas cifras como un caldo de cultivo social reactivo y xenófobo. Y sostener lo contrario es tanto como negar una realidad consistente”.
Un ejemplo de gráfico

Las encuestas y las estadísticas se ocupan de cosas distintas. Ilustración: Manuel Alfonseca.

Para que esta última frase sea cierta, es necesario conocer sin género de dudas cuál es la “realidad consistente”. En el caso que nos ocupa, el artículo de Zarzalejos me sugiere la siguiente pregunta: “aparte de lo que opinen los ciudadanos, ¿los inmigrantes perciben realmente del Estado más, igual o menos de lo que aportan?”. Mientras no se conozca la respuesta, los hechos, no se puede sacar ninguna consecuencia. Si la respuesta a la pregunta fuese “igual o menos”, como parece indicar un informe más reciente que el artículo, Inmigración y estado del bienestar en España, publicado por la Fundació La Caixa, habría razones para pensar que Zarzalejos puede tener razón, que los ciudadanos somos xenófobos, o al menos estamos equivocados, y quizá tendemos a creer cosas falsas respecto a los inmigrantes. Pero si la respuesta fuese “más”, la conclusión sería completamente diferente: en vez de xenófobos, los ciudadanos serían perspicaces; por una vez, la opinión pública no estaría equivocada.
Las encuestas tienen por objeto descubrir opiniones, pero las opiniones aisladas, en vacío, no sirven para nada. No se pueden sacar consecuencias de ellas sin confrontarlas con los hechos, que son objeto de la estadística.
Otra cuestión distinta es que también los estudios estadísticos pueden deformarse. Como dijo Mark Twain: “lo primero que tienes que hacer es saber cuáles son los hechos. Después podrás distorsionarlos tanto como quieras”.
Y hablando de encuestas, se ha puesto de moda entre los medios de comunicación realizarlas entre su audiencia. Muchas de ellas son absurdas, inútiles e irrelevantes. Una encuesta que sólo trate de predecir el futuro siempre lo es. ¿De qué sirve saber lo que piensa la gente sobre cosas como las siguientes -todas propuestas recientemente por alguno de los medios de más difusión-?
  • ¿Qué equipo ganará la próxima liga de campeones de fútbol?
  • ¿Cree que España acabará necesitando un rescate europeo?
  • ¿Cree que la rehabilitación de viviendas servirá para recuperar la economía?
  • ¿Habrá unidad de los partidos políticos catalanes para reclamar el fondo de competitividad?
  • ¿Llegaremos a cinco millones de parados antes del verano?
  • ¿Cree que habrá una subida de impuestos tras las elecciones?
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