Basado en hechos ficticios, maestros de la anticipación

29 junio, 2012 | Por | Categoría: Medios
La tecnología ha sido siempre la aplicación práctica de la ciencia y llegó, incluso, a ser definida por el escritor italiano Umberto Eco como la “moderna magia”. Pero la tecnología no sólo se inspira en la ciencia para progresar, sino que, a veces, también se inspira en la ciencia ficción.

La realidad, y no sólo la imprenta, se encargó de "reeditar" los mundos de Julio Verne.

Desde el helicóptero hasta el brazo mecánico; desde el mítico Julio Verne hasta el más reciente William Gibson, a lo largo de la historia ha habido innovaciones tecnológicas con un denominador común: fueron ficción antes de pasar a convertirse en realidad.

Han sido muchos los ingenieros que han tomado como base las creaciones ficticias de otros para llevarlas a la realidad. El estadounidense Martin Cooper se quedó maravillado al ver aquellos pequeños aparatos sin cables con los que se comunicaban los tripulantes de la nave Enterprise en la icónica serie Star Trek (1966). Junto con la compañía, también americana, Motorola, decidió llevar al mundo real lo que, a partir de 1973, se llamó teléfono móvil. “Para nosotros no era fantasía. Era un objetivo”, dijo años más tarde. Objetivo más que cumplido, si se tiene en cuenta que, menos de medio siglo después de su aparición en Star Trek, se ha convertido en uno de los pilares básicos de las telecomunicaciones de hoy.

“En realidad tiene mucho sentido”, opina Pablo Ramilo, aficionado desde niño a la saga y a las grandes franquicias de ciencia ficción. Coleccionista, desde hace veinte años, de películas de ciencia ficción de culto, cómics y merchandising, Pablo ve clara la relación entre ciencia y ciencia ficción: “hay series o películas que se adelantan mucho a su época porque muestran inventos prácticos que, al no haber todavía tecnología adecuada, no se pueden llevar a la práctica. Pero, claro, la idea ya ve la luz, y luego eso puede dar pie a inventos de verdad. Y luego, a su vez, los inventos reales también abren la posibilidad de imaginar tecnología ficticia más avanzada, que puede volver a ser utilizada por científicos para aplicaciones reales. Yo creo que ciencia y ciencia ficción tienen una relación bastante simbiótica, en ese sentido”.

Efectivamente, la génesis del teléfono móvil hay que buscarla en Star Trek. Sin embargo, ese invento real, con sus aplicaciones posteriores, sirvió de inspiración a los creadores japoneses de la exitosa saga de videojuegos Megaman para crear una expansión de la serie llamada Megaman Battle Network (2001). En este videojuego se presenta una sociedad dependiente de un dispositivo móvil muy avanzado que está conectado con una red global y a través del cual se puede jugar, activar aplicaciones y programas, ver la televisión, conectarse al ciberespacio, realizar videoconferencias, pagar en las tiendas… Se trataba de un incipiente smartphone, que en la vida real no vería la luz hasta años más tarde. Incluso se podía ver aquí una advertencia del peligro, entonces todavía inexistente, que suponen actualmente las bandas de cibercrimen organizado.
¿Inspiración o plagio?

En lo poco que lleva recorrido el siglo XXI, la tecnología ha avanzado de manera espectacular. La tecnología aplicada al campo del entretenimiento, en concreto, es uno de los segmentos con mayor mercado, y en las luchas de multinacionales, tarde o temprano, acaba surgiendo la controversia. Es el caso de Apple y Samsung, que se han visto envueltos en una auténtica batalla de patentes en la que han llovido acusaciones por ambas partes. Si Apple acusaba a Samsung de plagiar el diseño del iPad en su Galaxy Tab, la compañía coreana contraatacó diciendo que las tablets no son una idea original de la compañía del difunto Steve Jobs. El argumento era que unos dispositivos estéticamente muy similares y, aparentemente, con las mismas funcionalidades aparecían en el clásico de Stanley Kubrick 2001: Una odisea del espacio (1968), donde se puede ver a los tripulantes de la nave utilizando estos aparatos para mantener videoconferencias con la Tierra.

“Es lícito que la ciencia se inspire en la ciencia ficción porque la ciencia ficción, de alguna manera, también es arte”. Así lo ve la historiadora del arte Ana Padilla. “Tanto la ciencia como el arte beben una de la otra. Y no sólo gracias a los avances modernos como la fotografía o el cine. Esto es algo que viene de muy lejos. Leonardo DaVinci seguramente es el mejor ejemplo. No hay más que ver El hombre de Vitruvio: es una obra de arte, evidentemente, pero también hay un componente científico muy importante, porque no deja de ser un estudio de la anatomía humana”, concluye.
Los peligros que anidan

Los teléfonos móviles o las tablets son avances que pueden disfrutar millones de personas en todo el mundo y que facilitan la realización de tareas que, de otro modo, serían impensables. Pero ésta es una moneda de dos caras porque, en las obras de ciencia ficción, los malos también disponen de una tecnología envidiable. Dejando a un lado las bombas atómicas, que mataron a más de 200.000 personas, o las pistolas láser, que disparan descargas eléctricas, quizá resulten más preocupantes otros tipos de avances de distintas obras literarias. En Un mundo feliz (1931), por ejemplo, el escritor británico Aldous Huxley retrata una sociedad pasivamente dominada por un gobierno totalitario, haciendo predicciones bastante acertadas.

En un principio, puede resultar difícil ver la similitud con el mundo actual, pero si en la novela de Huxley había niños creados artificialmente y en cadena, hoy hay ingeniería genética que permite crear seres humanos a la carta. Y si allí tenían el sensorama, un cine ultramoderno que hacía que la experiencia fuera lo más real posible para alejar a la gente del mundo real, hoy las películas tienen efectos especiales e imágenes en 3D.

Al fin y al cabo, el propio Huxley escribió, en 1958, un ensayo titulado Nueva visita a un mundo feliz en el que revisaba los aciertos y errores de su novela. “Las profecías que hice en 1931 se están haciendo realidad mucho más pronto de lo que pensé”, llega a afirmar en este libro en el que, incluso, da pistas a los futuros gobernantes totalitarios sobre cómo aprovecharse de los avances tecnológicos para mantener su poder despótico.

Los visionarios de la ciencia ficción

Julio Verne
Es el ejemplo más conocido. En obras como De la Tierra a la Luna o 20 000 leguas de viaje submarino imaginó helicópteros, submarinos y viajes a la Luna que acabarían siendo reales.
Arthur C. Clarke
El escritor de 2001: Una odisea del espacio, que luego sería llevada al cine por Stanley Kubrick, predijo la aparición de las órbitas geoestacionarias y su aplicación en el campo de las telecomunicaciones.
George Orwell
En su obra 1984, mostraba un mundo observado constantemente por el omnipresente Gran Hermano, como si de un circuito videovigilado moderno se tratara.
William Gibson
El padre del ciberpunk ya hablaba de una red de comunicación global antes de la masificación de internet. Fue él quien inventó el término “ciberespacio”.
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