Alopecia prematura

31 julio, 2012 | Por | Categoría: Humanos
Un 40% de los hombres que padecen alopecia suelen comprobar la evolución de la caída del cabello frente al espejo, pero sólo el  3% acude al dermatólogo para intentar remediar el problema. Los productos que prometen la solución definitiva son un un timo total.
El aspecto físico es tan importante que cada vez son más los productos cosméticos que prometen una piel tersa y sin arrugas, e incluso un cambio de imagen completo a golpe de bisturí. El cabello es una parte esencial del aspecto físico, tanto que puede interpretarse como un mensaje para los demás. Participa del lenguaje simbólico, no sólo para expresar estados emocionales, sino también para indicar algunas características sociales. Durante décadas, el cuidado la imagen personal se asociaba casi exclusivamente a la mujer. Sin embargo, desde hace algunos años también ha cobrado importancia en el varón. Incluso se han formado nuevos prototipos de hombres, como el metrosexual o el
ubersexual.

La alopecia es, frecuentemente, más un problema estético que médico. Foto CC BY ND Arianne Leishman.

Para Alberto Viato, la pérdida de cabello es un verdadero trauma. Tiene 21, y a los 18 comenzó a sentir los síntomas de la alopecia. “Mientras estudiaba, el pelo se me caía, había demasiados en la almohada, cuando me lavaba la cabeza…”, recuerda. Acudió enseguida al dermatólogo. “Primero me recomendó unas pastillas, que eran vitaminas de hierro. Me habló de Finasteride y de Propecia, pero todavía no era urgente, por lo que prefirió barajar otras opciones, como la falta de hierro. Antes de esto, me realizó unas pruebas y un análisis de sangre. La cosa continuó igual y volví a la consulta. Entonces ya me recetó Propecia”, relata. Alberto forma parte del 3% de la población masculina que, cuando advierte los síntomas, acude al especialista. Reconoce que esta decisión fue fundamental para que hoy por hoy nadie pueda advertir su falta de cabello. La herencia genética, afirma, fue lo que le hizo actuar rápidamente: “mi padre es calvo y yo estaba prácticamente seguro de que a mí también me tocaría. Tal vez por eso estoy algo obsesionado y en cuanto noté la caída no dudé en acudir al dermatólogo”. Su madre, Consuelo, también estuvo preocupada con el problema, “porque veía que para mi hijo era algo importante”, afirma. No obstante, considera que es solamente un problema estético, aunque “por eso le afecta, porque es bastante presumido y siempre está pendiente de su imagen”. En cualquier caso, no ha observado ningún comportamiento anómalo en su hijo, aparte de la preocupación normal. Tampoco cree que sea algo que le pueda afectar a su vida diaria. “Es simple estética, no será algo determinante para su vida, ni para encontrar pareja ni trabajo. Es más: ahora la cabeza rapada está de moda”, se consuela Consuelo.

Alberto cumple el perfil que describe el doctor Ignacio Sánchez-Carpintero, dermatólogo de la Clínica Universitaria de Navarra. “Los varones que acuden a la consulta suelen ser jóvenes, entre 18 y 30 años, preocupados en exceso por su problema. Suelen tener antecedentes familiares con alopecias severas y quieren evitar llegar a esa situación. Existen varias causas que provocan la caída del cabello, pero la más frecuente es la genética”, asegura el doctor. Según Sánchez-Carpintero, a su consulta acuden pacientes “en todos los estadios, aunque, en general, suelen cuando empiezan con el problema o llevan pocos años”. Sostiene que, a pesar de que Minoxidil y Finasteride (o Propecia) son productos que han demostrado eficacia clínica, para el crecimiento real del cabello no existe nada que pueda “conseguir una repoblación completa”. Tras tratar durante años con personas aquejadas de la caída del cabello, ha llegado a la conclusión de que los pacientes “en general, si el proceso de alopecia es agudo, lo toleran muy mal. Además, tiene consecuencias que afectan a la vida diaria, especialmente en gente joven, incluso condicionando sus relaciones sociales. No obstante, a medida que pasa el tiempo la mayoría de los pacientes acaban aceptándolo”.
Cada persona, un mundo
Para el doctor Antonio Videra García, profesor de Psicología de la Universidad de Málaga y coordinador del departamento de Psicología Social, Antropología Social, Trabajo Social y Servicios Sociales, no existe un prototipo psicológico estándar del sufrimiento que causa la alopecia. Simplemente, asegura que “para algunas personas, el trastorno está servido por ir perdiendo progresivamente el pelo. La afectación varía de una persona a otra, igual que para cualquier otro trastorno que tiene un grado distinto de vulnerabilidad en función de ciertas características del individuo y de la situación en que se encuentre”.
No todos se obsesionan como Alberto. Para Javier, Jesús y Teodoro, los tres de 22 años y afectados por la caída del pelo, la alopecia es algo que no les preocupa demasiado. “Es algo natural. Sé que no tiene remedio y que la voy a padecer, porque es pura genética”, asegura Javier. Los tres aseveran que la caída del cabello no es algo que les cree quebraderos de cabeza, es algo que consideran normal y que asumen sin pesadumbre. Ninguno de ellos ha acudido al especialista para intentar atajar la caída del cabello, porque “no me preocupa tanto, sólo he usado champú anti-caída. No creo que sea un problema para acudir al médico”, mantiene Jesús. Javier no ha acudido al dermatólogo por simple “pereza”. Teodoro, en este aspecto, es un ejemplo típico de los varones que padecen alopecia, ya que no acudió al especialista, sino que  “sólo me tomé unas pastillas que me recomendó mi peluquero. Las tomé durante medio año y las dejé, porque me dijo que no era bueno tomarlas durante mucho tiempo. No fui a un dermatólogo porque no era algo que me importase demasiado”. Estas actitudes no son una excepción, sino una realidad para la mayoría de los casos. Ellos entienden el problema como un fenómeno común, normal, no como una enfermedad. Éste es el primer error que el paciente termina pagando, pues cuando decide acudir al médico los grados de alopecia ya son importantes, severos, y la respuesta al  tratamiento, menor.
La aceptación
Los tres sostienen que han asumido la calvicie. En parte con resignación y en parte con indiferencia. Sin embargo, todos reconocen que cuando comenzaron a sentir los síntomas sí fue algo aterrador. “Yo siempre he sido muy presumido con el pelo, y cuando veía que eso se estaba acabando, me molestó. Me preocupó bastante. Con el tiempo me conciencié y me hice a la idea de que no era tan grave. Ahora no es que haya aceptado no tener pelo, sino que es algo a lo que no le doy importancia”, explica Teodoro. “Al principio es posible que sí me afectase psicológicamente, en el sentido de que no estaba del todo a gusto con mi imagen. No era vergüenza, pero sí retraimiento. Me di cuenta de que era absurdo preocuparse por eso y le di la importancia que se merecía: poca”, añade. A sus 22 años, los tres se encuentran en una fase inicial. “Por ahora me siento tranquilo; todavía no lo considero un problema. Soy consciente de que no me puedo hacer ciertos peinados, pero eso no me quita el sueño; aunque no sé cómo lo llevaré dentro de tres años,” presagia Jesús, quien se encuentra dentro del 52% de los alopécicos que reconocen que les gustaría tener más pelo.
Cuando se les preguntó sobre cómo podría afectar su alopecia a la vida laboral, todos ellos, salvo Alberto, coincidieron en que no les afectaría en absoluto, salvo que sean trabajos de cara al público en los que haya que presentar una imagen determinada, por ejemplo, juvenil. “No creo que la alopecia influya a la hora de encontrar trabajo. Se debe valorar el nivel intelectual y los conocimientos, no el físico. Si no fuese así, me parecería muy triste”, se sorprende Teodoro. Ésta es una idea de la realidad algo inocente o pueril frente a la opinión del doctor Videra: “la alopecia es un factor que influye en la vida profesional y tiene consecuencias evidentes. Los alopécicos tienen más problemas a la hora de encontrar trabajo. Además, están expuestos a una peor valoración simplemente por su imagen, y no digamos si es mujer”.
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