Aborto intencionado y cáncer de mama

29 junio, 2012 | Por | Categoría: Humanos
Durante varios años, el mundo de la oncología se ha preguntado si hay un aumento en el riesgo de cáncer de mama en mujeres que interrumpen su embarazo. Esta relación se basa en numerosos estudios hechos en Estados Unidos y en otros países, que se llevan realizando desde 1957, en los cuales se concluyó que el riesgo de cáncer de mama aumentaba en mujeres que se habían inducido un aborto.

Aborto provocado y natural tienen distintos efectos en el cáncer de mama. Ilustración CC BY Mariana Abasolo.

En febrero del 2003, el NCI (Instituto Nacional del Cáncer, sus siglas en español) convocó a un grupo de expertos en el tema y les pidió que dieran una opinión al respecto, incluso espontánea. Para sorpresa de muchos de los asistentes, la respuesta fue concluyente. En marzo, afirmaron que no existía asociación entre el cáncer de mama y el aborto, por lo que el NCI cambió en su página web la frase que decía que podría existir una relación entre ambos por la afirmación que niega toda relación, dando una falsa sensación de seguridad a las mujeres que quieren abortar. Pero, ¿el riesgo es el mismo en un aborto provocado que en un aborto espontáneo?

El cáncer en la mujer

En España, un 25% de los enfermos diagnosticados de cáncer mueren todos los años. De ellos, el cáncer más frecuente en la mujer es el de mama. Constituye el 32% de todos los tipos de cáncer femenino y el 7% de los cánceres en general. Los factores de riesgo son principalmente hormonales, y un 60% de los cánceres de mama son hormonodependientes, causados por un exceso de estrógenos, la hormona femenina. Se consideran factores de riesgo la ausencia de embarazos y los embarazos tardíos, así como la menstruación precoz y la menopausia tardía, lo que genera un nivel más alto de estrógenos. También parece que la probabilidad aumenta por el tabaquismo, el estrés y la predisposición genética, así como por una dieta desequilibrada. Sin embargo, estos factores no son significativos ni determinantes. Parece haber un vacío en el diagnóstico de un 50%. Dicen que la mitad del riesgo se debe a factores desconocidos. La mitad de los cánceres de mama diagnosticados se sufre entre los 35 y los 54 años aunque, en los últimos años, esta media de edad ha disminuido en cinco años. Según Antonio Fernández, oncólogo del Hospital Madrid, “se ha adelantado considerablemente la edad a la que se tiene esta enfermedad”, y añade: “antes era muy poco normal encontrar un cáncer de mama en una mujer de menos de 35 años. Ahora no es raro verlo en una chica que no llega a los 30. No sabemos por qué sucede esto; sólo sabemos que una de cada diez mujeres españolas desarrollará un cáncer de mama en los próximos diez años”. Curiosamente, en Estados Unidos ha ocurrido el mismo fenómeno: el aumento de cáncer de mama en mujeres cada vez más jóvenes, según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Desde mediados de los años 80, el cáncer de mama ha aumentado más del 40% pero no en mujeres mayores, como era habitual, sino en mujeres jóvenes, con edades que apuntaban a posibles abortos después de 1973, fecha de la legalización del mismo. ¿Podría ser éste, acaso, el misterioso factor de riesgo? Según un estudio publicado en 1994, en el Journal of the National Cancer Institute, por Janet Daling, en los casos en que había antecedentes familiares y la mujer abortaba después de los 30 años, el riesgo aumentaba un 270%. De las doce mujeres que habían abortado antes de los 18 años y que tenían algún antecedente familiar, el 10% desarrollaron cáncer de mama antes de los 45 años. El riesgo relativo era, por tanto, mayor. En mujeres que ya habían llevado un embarazo a término, el riesgo de cáncer de mama en las que abortaron era de un 50% más. Entre ellas, las jóvenes menores de 18 años y mayores de 29 con aborto provocado aumentaron el riesgo más de un 100%. De éstas, las que tenían antecedentes familiares aumentaron el riesgo un 80%. Curiosamente, esta investigadora era pro-abortista. Ya en 1970, la Organización Mundial de la Salud encargó un estudio al doctor McMahon, que se publicó en el Boletín de la OMS con el título “Edad en el primer parto y riesgo de cáncer de mama”.  Sus conclusiones llevaron al conjunto médico a reconocer que el riesgo de la enfermedad disminuye cuanto menor sea la edad de la mujer al primer parto (primiparidad). Para la muestra, se usaron a mujeres que se presentaron voluntarias de siete de sus centros, y los resultados fueron que en cuatro hubo una correlación positiva entre cáncer de mama y abortos. Sin embargo, el estudio era metodológicamente defectuoso porque no distinguía entre abortos provocados y abortos espontáneos, cuantificando ambos sin distinción a pesar de ser totalmente distintos. Aun así, aparecía ya la correlación positiva. Un estudio realizado por Malcolm Pike, de la Universidad de Illinois, observaba la diferencia entre estas dos formas de aborto y encontró que, tanto los anticonceptivos orales antes del primer embarazo a término como el aborto de primer trimestre estaban asociados con un riesgo elevado de cáncer de mama: un aumento del 140%. Y así se puede seguir hasta más de 29 estudios que  muestran una correlación positiva entre aborto y cáncer de mama. Pero se empieza a reconocer esta realidad.

¿Por qué no abortar?

La pregunta del millón: ¿por qué hay más probabilidad de contraer cáncer de mama cuando se aborta? Las células mamarias proliferan a partir del momento de la concepción por causa del aumento de estrógeno en sangre, la hormona sexual femenina, que empieza a producirse en los ovarios a los pocos días de la concepción. A finales del primer trimestre, el nivel de estrógeno en sangre llega a un 2000% (seis veces superior con respecto a no estar embarazada). Hasta el tercer trimestre, la hormona estradiol (un tipo de estrógeno) hace proliferar las células mamarias, entre las cuales puede haber células pre-cancerosas. Es por ello que el estrógeno se considera un cancerígeno secundario.

A partir del tercer trimestre, acaba el proceso de proliferación y comienza el de diferenciación, por el que las células mamarias se convierten en tejido mamario. Si ocurre un aborto antes de ese tiempo, la mujer queda con más células mamarias indiferenciadas y, por tanto, potencialmente cancerígenas, que antes de quedar embarazada. Si, por el contrario, el embarazo se lleva a término, aumenta su protección contra el cáncer de mama para el resto de su vida. No ocurre igual en los abortos naturales, ya que éstos se producen precisamente por una escasez de estrógenos debido a la disminución en la producción de progesterona. Cuando el embarazo no es viable, el organismo poco a poco deja de producir estradiol (progesterona) hasta que se produce el aborto espontáneo. Por tanto, tampoco se producen los estrógenos que harían proliferar las células mamarias.

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