¿Quién inventó el “GPS” analógico?

21 abril, 2012 | Por | Categoría: Máquinas
No se dejen engañar por la apariencia complicada y tecnológica de estos aparatitos. El que tuvo la primera idea pudo vivir en los tiempos de sus abuelos.

El Auto-Mapa de Martín Santos se podría confundir con una versión retro de los GPS actuales.

A todo conductor le ha ocurrido, ¿quién no se ha perdido alguna vez en una carretera? Es de lo más común, sobre todo si se viaja a algún lugar desconocido. Normalmente la gente opta por mirar las indicaciones, y los menos por consultar un mapa. Pero lo que no suele pasar en esas situaciones es que al desorientado conductor se le ocurra inventar un aparatito que le solucione el problema.

Bien, pues eso es lo que le sucedió en la noche del 7 de octubre de 1954 a Antonio Martín Santos, que se perdió en un viaje entre León y Jerez de la Frontera. El correspondiente enfado, mayor si cabe por suceder aquello de noche, no se convirtió en frustración, sino en la idea de que debía inventar algún dispositivo que evitara esas situaciones. Cuando volvió del viaje, comenzó el estudio de un aparato que sirviera para orientar al conductor de día y de noche, y más fácilmente que los mapas convencionales. Hasta 30 años después no se le volvió a ocurrir a nadie; fue en 1981, cuando los ingenieros de Toyota presentaron “ The Car Navigation System “, que actualmente todo el mundo identifica como el primer navegador.

Gestación del invento

En España existen actualmente un gran número de fábricas de automóviles, en diversos puntos de nuestra geografía, que dan empleo a miles de trabajadores, y cuyos productos se exportan a países de los cinco continentes. Sin embargo, la mayoría de la población española sigue pensando que somos un país atrasado tecnológicamente. En muchos ámbitos seguimos estando muy por debajo de la media los vecinos europeos, pero en el campo del automóvil, hemos avanzado mucho más en estos últimos 50 años que cualquiera de ellos.

Sin embargo, hace muchos años, cuando aún sufríamos un gran aislamiento técnico -contra la creencia popular de que el navegador es un invento japonés-, un españolito ya había creado un precursor bastante próximo hacia el invierno de 1954-1955 y el Auto-Mapa Martín Santos ya era una realidad. En un principio, los prototipos fueron probados en el coche del propio inventor, de la desaparecida marca Simca, con resultados muy satisfactorios.

ANTONIO MARTÍN SANTOS. EL INVENTOR.

Antonio Martín Santos, hijo de Fernando Martín Rebolledo y Pilar Santos del Trigo, nació en León el 21 de mayo de 1887. Su infancia y juventud transcurrieron en la capital leonesa, en su casa de la calle Ramón y Cajal número 10, junto al Molino Sidrón. Estudió ingeniería industrial en la Escuela de Ingenieros de Madrid. El 1 de septiembre de 1922 contrajo matrimonio con Aurora Zoreda Alonso, natural de Cistierna, y tuvieron dos hijas, María Aurora y María Pilar. Su ocupación principal desde 1918 estuvo ligada a la inspección de automóviles, para culminar su carrera profesional como jefe de la Delegación de Industria de la Provincia de León. Falleció en Madrid, donde vivió sus últimos años, el 24 de abril de 1961, a la edad de 73 años.

Cuando se consideró que el invento estaba totalmente perfeccionado, se patentó en once países y se presentó a diversos concursos internacionales, hasta que su creador obtuvo la Medalla de Oro con Felicitación Especial del Jurado en el VI Salón Internacional de Inventores de Bruselas, en 1957. A este certamen acudieron inventores de todos los países, de los que alrededor de 30 eran españoles, dos de los cuales también lograron premios destacados, como el radio-localizador de aviones presentado por Manuel Castro Fernández y el Hispanoscope (objetivo para proyección de películas en cinemascope), ideado por Lerroux y Pérez Palacios. La repercusión del galardón fue considerable para Martín Santos, tanto en prensa escrita como en la radio, incluso fue recibido por el Jefe del Estado Español por aquel entonces, Francisco Franco.

Aunque hubo conversaciones con varios fabricantes, que se mostraron interesados en adquirir la patente para comenzar una fabricación en serie del producto, la enfermedad y repentina muerte en 1961 de Antonio Martín Santos, impidieron su comercialización. Tras esto, el proyecto cayó en el olvido y ninguno de los hijos del inventor quisieron seguir adelante con la promoción de tan ingenioso aparato.

El Auto-Mapa

Una de las cosas más curiosas de este precursor de los modernos navegadores GPS es que tiene una apariencia similar a estos, salvando las distancias. A primera vista podría parecer una especie de televisor en miniatura, mezclado con una antigua cámara fotográfica, pues era algo así como una cajita de pequeñas dimensiones, con una gran pantalla en el medio, y dos ruletas en los extremos superiores.

Esta apariencia tan sencilla era reflejo de lo que podía encontrarse en su interior, y que también era similar a las primitivas máquinas fotográficas o de transparencias. En cada extremo del aparato había unos carretes: unas cintas con el dibujo o mapa de la carretera se desenrollan a partir de uno para enrollarse en otro. Durante su recorrido pasan por delante de la ventanilla o pantalla, con lo que el conductor ve el tramo de carretera por el que el vehículo discurre en ese momento, indicándo la posición exacta mediante una simple aguja muy similar a las de los diales de las radios. Los carretes se mueven en combinación con elementos de transmisión de la velocidad del automóvil, como el cuentakilómetros, con un sistema similar al de los actuales contadores para bicicletas. El aparato estaba concebido para ser instalado en el salpicadero de cualquier automóvil y ser conectado por cable a la transmisión. Para colocar el mapa del itinerario deseado, se colocaba la “cinta” con el mapa correspondiente y se situaba el indicador en el punto de partida del mapa. De esa forma, ya estaba preparado para iniciar su funcionamiento. Existía también un botón para desconectar el aparato y que éste quedara inmovilizado, al recorrer alguna distancia en el interior de la ciudad o por caminos ajenos al recorrido reflejado en el mapa.

El Simca en que se instaló el primer "GPS" analógico español.

En un principio hubo que pulir detalles, pues presentaba algunas complicaciones en condiciones extremadamente calurosas y con excesiva humedad, pues se introducía un leve error en el avance del carrete por la modificación de la tensión en la banda o cinta transmisora. Este imprevisto se solucionó sustituyendo las cintas elásticas por un elemento de arrastre de la cinta, que conseguía la tensión deseada. De esa forma, el funcionamiento era perfecto. La patente de invención se obtuvo en España el 24 de noviembre de 1955.

Como se puede ver, era un invento ingenioso, y sobretodo sencillo de poner en funcionamiento por la mayoría del público, además de ser, en principio, barato de fabricar.

Resulta que el invento del “navegador” es aún más antiguo, pues en Estados Unidos, ya en los años 30 del S. XX, se ofertaba a los conductores un mecanismo similar, con mapas enrollados, que se colocaba en el salpicadero. Se llegó a fabricar un número importante de ellos, pero las grandes distancias de aquel país, sumado a la inexistencia de carreteras convencionales, que hacían difícil la creación de mapas fieles, dio fin prematuramente a ese otro proyecto pionero en la navegación para automóviles. Lo más curioso de todo esto es que Antonio Martín Santos jamás pudo saber de la existencia de este otro “navegador”, ya que nunca salió de las fronteras españolas, y no tenía el más mínimo conocimiento de la lengua inglesa, además de que el sistema americano jamás se puso a la venta fuera de Estados Unidos. Este aparato americano sin embargo no estaba tan perfeccionado como el español, y de hecho Antonio consiguió la patente estadounidense, cosa que no le hubieran otorgado si ya existiese algo igual en aquel país.

Triste final

Como en tantas otras ocasiones, el desinterés de los familiares tras el fallecimiento del creador, sumado a la falta de apoyo de la administración de la época, dio un final prematuro a lo que podría haber sido una marca con proyección internacional. Durante esos años en los que España estaba en una época de “desarrollismo”, surgieron muchas iniciativas que por diversos motivos no llegaron a buen puerto. El motor de “pistón rotativo” que actualmente montan los automóviles de la marca japonesa Mazda, es una creación supuestamente novedosa del ingeniero alemán Felix Wankel, que fue presentado en sociedad en los años 60 de S. XX, y sin embargo, existen patentes registradas en España con ese diseño desde los años 10. No solo eso, sino que el diseño del motor rotativo se perfeccionó en los años 40 en España, concretamente en Zaragoza, cuando los responsables de la empresa de automóviles Nacional G, Martin Gómez y Natalio Horcajo diseñaron y construyeron un motor rotativo que patentaron en 1941, numero de patente 147.621, pero que fue destruido en extrañas circunstancias por orden ministerial.

Otro caso muy llamativo en su época fue el motor que funcionaba con agua, presentado en los años 60 por Arturo Estévez Varela. El sistema consistía en un generador de hidrógeno, es decir, extraer el hidrógeno del agua con un producto que catalizador (el boro) y utilizarlo en cualquier motor de explosión. El invento no solo se lo ofreció a Renault y Citroen sino que se le lo ofreció a la mismísima Casa Blanca durante el gobierno de Richard Nixon.

Tras no recibir el apoyo necesario para su fabricación, pasó décadas en el olvido hasta que recientemente, según la revista New Scientist, está siendo objeto de investigación por la Universidad de Minnesota y el Instituto de Ciencia Weizmann, en Israel. Esperemos que esta vez la inspiración de un inventor español no caiga para siempre en saco roto.

LOS NÚMEROS DEL AUTO-MAPA

El fundamento del auto-mapa era muy sencillo, pero tenía detrás un concienzudo estudio. La relación de conversión entre los Kilómetros reales recorridos y su reflejo en el mapa es la siguiente; Una vuelta del tambor de avance del Auto-Mapa equivale a 37,68 km en la realidad, ya que el diámetro del carrete se fijaba en 12 mm. Así que, si se multiplican los 12 mm por el número Pi (3,1416) obtenemos 37,68 mm. Si tenemos en cuenta que la escala de los planos se establecía en 1/1.000.000, tras multiplicar un millón por 37,68 mm, el resultado final es de 37,68 km. De tal forma que el coche circula a una velocidad directamente proporcional a la que avanza en el itinerario del mapa.

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